miércoles, 17 de octubre de 2007
CORAZONES NEGROS DE ODIO
Según "El País", la beatificación de 498 mártires de la persecución religiosa es un gran mitin político, una ceremonia oportunista. Para ellos no cuenta la concienzuda investigación llevada a cabo para probar que quienes tuvieron la desdicha de integrar esta cifra, fueron perseguidos por motivos exclusivamente religiosos y que murieron perdonando a sus verdugos. No. Para ellos sólo cuenta el odio a estas personas. Muy previsor habría que ser para haberlo preparado como respuesta a una ley actual. Ya se sabe, "al ladrón todos le parecen de su condición". Es inútil explicar a estos corazones que sólo albergan bilis, que el único propósito de esta beatificación en cuanto a la memoria, es precisamente el perdón. No pueden entenderlo, y no quieren. Ante todo, hay que seguir con el perfil de rojo anticlerical. La verdad es que estos clichés están ya algo desfasados hoy en día. Se empeñan en seguir viviendo en un pasado de penurias en blanco y negro. La Iglesia celebra que 498 católicos prefirieron morir a traicionar su fe. Y lo ofrece como un valioso testimonio para la reconciliación entre bandos opuestos, sea cual sea su color, desde hace muchos años. ¿Acaso, no murieron estos mártires perdonando a sus verdugos?. ¿De verdad creyeron sus asesinos que estos siervos de Dios albergaban odio hacia ellos?. Pues sí. Si no ¿porqué matarlos?. No cabe duda de que muchos de quienes formaban parte del ejercito popular se dejaban llevar por los desmanes que otros perpetraban. Pero ninguno de los mártires caídos por profesar una fe determinada quiso que su muerte sirviese para dividir, acusar o condenar. Derramaron su sangre para devolver bien por mal, para que renaciese la paz entre enemigos, de entonces y de hoy. Pone los pelos de punta. ¿Cuantos de nosostros moriría perdonando a sus asesinos?. ¿Cuantos?. Hay que ser un hombre de una pieza para ello. Y tener una fe a prueba de balas. Pero muy turbia hay que tener la mirada para ensombrecer el fogonazo de luz con que nos ilumina semejante lección. Ya lo dijo Juan Pablo II, "Dios es amor". Sólo que sus verdugos no lo sabían.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario