domingo, 14 de octubre de 2007

UN NOBEL ENTRE AMIGUETES

Hace ya mucho tiempo que el premio Nobel no goza del prestigio de antaño. Sus constantes devaneos políticos le han cavado la fosa del descrédito. Si no, ¿cómo explicar que nunca se le entregase a Winston Churchill, uno de los politicos más influyentes del siglo XX que contribuyó con su firmeza a liberar Europa de los nazis?. Mayor contribución que ésta a la paz no se entiende. En cambio, si se lo concedieron a su antecesor en el cargo, Neville Chamberlain, pero claro, éste gustaba de la política antibelicista, ¡antibelicista en plena Segunda guerra mundial!. Inexplicable pero cierto.Igualmente, no se comprende que nunca le concediesen el Nobel de la paz a Don Juan Carlos I, que otros méritos no tendrá, pero hay que reconocerle que fue capaz de liderar una transición pacífica. De la dictadura a la democracia. Lo que está claro es que para ganar el Nobel es requisito imprescindible la hipocresía. Si no, ya me dirán ustedes cómo justificar este panfleto catastrofista y politicamente correcto, cuando el señor Al Gore posee minas altamente contaminantes, o cuando en su casa se consume más electricidad que las de veinte familias norteamericanas de clase media. Eso sí, Kofi Annan, quien era responsable del programa petróleo por alimentos, y que resultó ser un nido de corruptos, también fue galardonado anteriormente. Entre pillos y amigetes anda el juego. Conclusión: este premio carece de cualquier relación demostrable con la paz, pero, eso sí, la concesión permite a los miembros del comité noruego quedar como personas terriblemente sensibilizadas por el medio ambiente. Es decir, en consonancia con el catecismo de la progresía internacional. Son los llamados sandías. Verdes por fuera, pero rojos por dentro. Ya sabemos que desde la caída del muro de Berlin, a los progres no les quedan argumentos. La caída de este muro represor, declaró la muerte del comunismo. Pero eso sí, el señor Al Gore podrá enorgullecerse de ser compañero de otra galardonada anterior a él, Rigoberta Menchú, a la que se le otorgó el galardón por convertir su vida en un símbolo de la lucha por los indígenas. El único problema era que todo fue un fraude. Pero bueno, pelillos a la mar. No obstante, el comité noruego introduce al Nobel de la Paz en aguas turbulentas. Desde este momento, podrá concederse este simulacro de premio a personas 0 instituciones que presuman de haber evitado un conflictos que jamás tuvo lugar. De locos, ¿verdad?. Más bien, de listos.

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