miércoles, 26 de septiembre de 2007

A PROPÓSITO DE LA LIBERTAD

Hoy quisiera recomendar un mágnífico libro que cayó en mis manos por el azar del destino. Se trata de "La libertad en la encrucijada" de Samuel Gregg. Para muchos, hablar de libertad en democracia supone un anacronismo, pues para ellos, ésta se encuentra garantizada suficientemente por esa forma de gobierno. Lo que sucede es que asistimos actualmente a una perversión del lenguaje, dando por sentado determinados conceptos. Es decir, por el hecho de vivir en democracia ¿se es libre?. Hay ciudadanos que no tienen libertad, que no encuentran amparo en el sistema democratico porque éste tiene en sus estrañas el gusano del poder entendido como un uso arbitrario del mismo por parte de los dirigentes políticos. Entonces , ¿cómo reconocer al hombre libre?, ¿por qué el hombre debe ser libre?, ¿qué responsabilidades acompañan a la libertad?, ¿acaso hay libertad en el País Vasco o en Cataluña?, ¿acaso el poder judicial no está contaminado por el brazo largo del gobierno de turno?. Quizás ninguna otra cuestión ha dividido tanto a políticos, juristas y estadistas como la reflexión sobre la esencia de la libertad humana. Para muchos la libertad se conquista. Para otros, se nace con ella. Lo que está claro es que para ser libre hay que ser esclavo de la ley, si bien, la libertad no es hacer lo que se quiera en todo momento. Pero ¿y si la ley es injusta?¿también hay que cumplirla?. La libertad es poder actuar en una sociedad sensatamente y no de forma arbitraria. Desde mi punto de vista, fue Abraham Lincoln quien más se aproximó a este concepto tan difícil de definir. Para éste poltítico estadounidense, el hombre nunca ha encontrado una definición para la libertad. De ahí que la libertad sea un estado, una sensación. Y quizás por este motivo la libertad ha sido tan manoseada para nada. A menudo hablamos de una libertad sin reparar en la cuenta que ésta se encuentra en muchas ocasiones prostituida al servicio del poder. Hoy día somos esclavos del lenguaje, y lo utilizamos en nuestro beneficio. Decimos que somos libres. sin serlo. La libertad consistía para Montesquieu en poder hacer aquello que se debeía hacer. Pero mientras la libertad es una reivindicación central en el Evangelio, la Gloriosa Revolución de 1688 y la Revolución Americana, la discusión sobre su naturaleza se ha visto caracterizada por los más profundos desacuerdos. Evidentemente. El poder, siempre el poder. Al poder nunca le gustó la libertad. Historicamente se entendió aquella como un contrapeso al ejecutivo. Pensemos en regímenes que promulgaban la libertad e igualdad de sus ciudadanos, como el comunismo, y ya ven como acabó aquello, millones de muertos y campos de reeducación. Tomando como referencia a Alexis de Tocqueville y la Ley Natural, Samuel Gregg examina el carácter de la libertad respondiendo a la básica -pero a menudo pospuesta- cuestión: ¿qué es el hombre? para luego aplicar sus conclusiones a preguntas sobre el papel de la ley, el Estado y la sociedad civil en el mundo libre occidental. La libertad en la encrucijada es un libro ideal para todos aquellos interesados en la ley y la política pública pues, yendo más allá de la manida división entre liberal y conservador, invita al lector a pensar sobre los correctos fines de las elecciones y acciones humanas.

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